Semiótica de la Pandemia II

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Semiótica de la Pandemia II

(Por Fernando Buen Abad Domínguez)

¿Flexibilización laboral a la sombra del “Coronavirus”?

Sacudida planetaria. Aprendimos, a golpes de realidad “sorpresiva” (y avazallante) que poco será igual después de la pandemia del COVID-19. Especialmente los salarios y los empleos. Desde la palabra “virus” hasta la iconografía sanitaria, pasando por la noción de muerte y vida, tenemos “cambios” en marcha que darán por resultado territorios semánticos “nuevos” que, como todo campo semántico, es un escenario en disputa. Aprendimos, con la “nueva” didáctica del capitalismo, que nadie pide permiso y nadie ofrece disculpas por una tragedia global que ha costado millones de vidas y descalabros inmensos para la clase trabajadora. 

Estamos asimilando los alfabetos actualizados de la dominación entre las ecuaciones malthusianas, y la didáctica del “sálvese quien pueda”: Inflación descontrolada, devaluaciones a placer, desempleo a mansalva y castración del poder adquisitivo. Nos han descargado sobre la espalda todo el paquete de las “reformas laborales” burguesas, en tiempo récord, mientras estamos en cuarentena. A la sombra de la pandemia un gran negocio camuflado. “A esta altura, ya nadie ignora que la pandemia no es sólo una crisis sanitaria. Es lo que las ciencias sociales califican de “hecho social total”, en el sentido de que convulsiona al conjunto de las relaciones sociales y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores”. Ignacio Ramonet https://www.eldiplo.org/wp-content/uploads/2020/04/Ramonet-pandemia-sistema-mundo.pdf 

Algunos salieron ganando. “Cambia” de significado el Estado burgués que resucita desde los sótanos del neoliberalismo y se apresta, si nos descuidamos, a repetir más de lo mismo. “Cambia” de significado la “democracia” que ahora seguirá siendo burguesa, plagada de contradicciones y “defectos” muy convenientes para el establishment. “Cambia” todo para que nada cambie. Incluso los progresistas parecen conservadores al lado de la catarata de “cambios” que aluden a la “propiedad privada” burguesa (que en un diccionario decente debería significar saqueo o hurto). “Cambian”, en teoría, las Leyes y la Justicia, “cambia” el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial… ahora sesionan a distancia. “Cambian” las academias y sus saberes. No cambia el peso de la barbarie contra los oprimidos. Sólo se incrementa el desempleo, el hambre, la insalubridad, la intemperie, la carencia de educación, la falta de agua, luz, medicamentos… y respeto. 

Hay más pobreza y desigualdad. Por “alguna razón” se hacen esfuerzos denodados para hacernos creer que el mundo será “distinto” sin tener que modificar el sistema económico capitalista. Incluso algunos andan con el cuento de que puede “mejorarse”, hacerse “más humano”, hacerse “Progresista”. Tratan de convencernos de que “cambio” es lo mismo que “reformas”. Que “distinto” es lo mismo que “igual”. Que las guerras son un negocio que puede “salvarnos”; que los bancos son nuestra mejor ayuda con sus “créditos”; que los “mass media” son imprescindibles para ayudarnos a entender la “realidad” y que es mentira que existan las “Fake News”. El paraíso Post-pandemia. “La Organización Internacional del Trabajo advirtió este miércoles que casi la mitad de la población activa mundial, unos 1600 millones de trabajadores que laboran en el sector informal, están en riesgo de perder sus medios de subsistencia debido al constante descenso del número de horas trabajadas a causa del brote del COVID-19.https://news.un.org/es/story/2020/04/1473582 

Esto todavía no termina. Lo “nuevo” es quedarse en lo mismo y hacer lo imposible para que nos dure. En la refriega ideológica por dominar el “sentido común” el capitalismo convierte su agonía en Apocalipsis para nosotros. Y anhela que lo salvemos -entre todos- para ofrecerlo a nuestra prole como su mejor herencia. Como un “cambio” radical. ¿Cuántos rebrotes de pandemia hacen falta hasta pulverizar (hasta donde el capitalismo anhela) los salarios de la clase trabajadora? Tiene la palabra los “anti-cuarentena” globales. Dentro del capitalismo no hay solución a los problemas sanitarios mundiales. Ni solución para los problemas del planeta y de la humanidad en general. 

Bajo el capitalismo nada es suficiente para cuidar a los pueblos. Unos cuantos ricos serán más ricos gracias a que habrá más pobres y más empobrecidos. De esa semántica no se habla pero toda la burguesía trabaja para darle forma. Los gobiernos que quieran tener “sentido” de pueblo deberán cambiarse desde sus entrañas y sacudirse todo reformismo parásito. Incluso los viejos conservadores que se atrincheraron en la “ciencia” y en la “academia”, con sus relatos  de estadísticas tecnócratas y positivistas, hoy parecen adalides del progresismo ad hoc que maquillará al nuevo viejo estado. Sin tocarle un pelo al capital. Cuándo alguien se asume “dueño” de un campo semántico, de manera explicita o implícita, en lo teórico o en lo práctico, ejerce un tutelaje auto-refereincial despótico propio de una lógica mediocre y de una ignorancia supina. 

Suelen hablar con suficiencia y jerigonza. Con énfasis y con superioridad demuelen el poder adquisitivo. Desde su perspectiva somos todos discapacitados intelectuales. Se los puede encontrar en congresos simposios y conferencias. Van y vienen con sus papers, ponencias o textos empapados de exageraciones y exaltados por el éxito acelerado que se atribuyen a sí mismos gracias a los puntos ganados en las lides burocráticas entre certificados, diplomas y  “publicaciones”. Todo por la salud del mercado. Son latifundistas de la nada asombrados por su inteligencia alpinista que en el “reino de los ciegos” funda tronos de nadería exhibicionista. Antípodas de la humildad. Pero mansos ante el capital. Las propias reglas del Mercado académico burgués han creado esos monstruos de sabiduría sedicente que llegan a creerse sus propios cuentos “científicos” a costillas de la paciencia, la ignorancia o la abulia imperantes. Mientras tanto, en la proliferación de publicaciones, PowerPoint y saliva “docta”, la ciencia de la opresión económica avanza en manos de esos “vendedores ambulantes” de programas económicos de espaldas a los pueblos. Infestaron las carreras, los posgrados y las bibliotecas. Impusieron sus destrezas burocráticas y formalistas para vaciar de contenido a la producción teórica. La prestidigitación cuantitativa sin firmeza lógica. La flexibilización laboral infestada por “asesores científicos”. 

Nos quieren dóciles. Están haciendo de las suyas con los salarios de la clase trabajadora bajo el abrigo de la pandemia. El viejo truco de esconder los libros contables se acompaña con el viejo truco de apoderarse de los “diccionarios”, de imponer los significados que a la clase dominante le convengan. Dicen que el “corona virus” es causante de una crisis económica sin precedentes, que debemos ayudar o rescatar algunas empresas sin detenernos demasiado en revisarles las cuentas ni los prontuarios. Nos cueste lo que nos cueste. Dicen que se debe crear millones de empleos pero no se fijan blindajes ni políticas para que no desciendan los salarios ni la calidad del trabajo. ¿Llegaremos a los excesos insaciables que determinen los dueños del mundo?. 

Virus ideológicos. “Home office”, “tele-trabajo”… Una estampida de palabrejas, confusas y nerviosas, galopa abiertamente sobre los territorios de la semántica post-pandemia. Pero la opresión sobre los salarios no tiene nombre. Truena su tropel y nos aturde mientras los noticieros se empeñan en ilusionarnos con un futuro sacado de la chistera semiótica del gatopardismo. Ni una sola noticia sobre las protestas obreras en todo el planeta. La pandemia nos desmovilizó y la “reforma laboral” o “flexibilización” disfrazada destroza todo sin que podamos meter las manos. Todo cambia para que nada cambie. Y ahora, el “Internet way of life” se ilusiona con la tierra prometida del “tele-mercado”, la “tele-salud”, las relaciones obrero-patronales remotas, el aprendizaje a distancia caminando sobre la “banda ancha”… 

Vacunas políticas. Necesitamos organizarnos para recuperar capacidad de protesta y de confrontación. Buscar soluciones que se puedan presentar ahora y acelerar la utilización de la tecnología en los objetivos emancipadores de la consciencia transformadora para la defensa de los derechos laborales adquiridos… y revolucionar la pandemia. Ahora que proliferan los sabelotodo “expertos en pandemias”, los psicológicos de la pandemia, los economistas, los astrólogos e incluso teólogos… es urgente una respuesta de la clase trabajadora que avance pasos concretos y haga los cambios verdaderos que sólo pueden venir de una organización, irreverente y nueva, del trabajo por encima del capital. Que los estragos de la pandemia no los paguen los trabajadores, que la dictadura de la “reforma laboral”, camuflada, no se adueñe del futuro. Eso significa muchas cosas. ¿Lo entenderemos? 

Sólo organizados. Semejante lucha no es tarea fácil: la ideología dominante es “mistificante” de la realidad. “Disuelve” con reconciliaciones las contradicciones del modo capitalista de producción y se apodera de la conciencia de los trabajadores, para disminuir el nivel de la movilización. Ellos quieren convencernos de que no hay ideología en su discurso y que no existen los campos de batalla simbólicos. Que las luchas dentro de la superestructura son sólo por el desarrollo y que no hay contenido revolucionario en sus contradicciones sino que son luchas por el “poder coyuntural”. Todo para no aceptar que la resistencia semiótica de los pueblos hará visible el funcionamiento del capitalismo que se basa en la extracción de plusvalía. Hará visible la lucha de clases como motor de la historia. Y hará visible la superestructura ideológica tributaria de la explotación de los seres humanos. Por eso es urgente, también, una revolución de las comunicaciones, una revolución de la semiótica entendida en su sentido más genuino, y radical, de sustituir el capitalismo. Pero hay que estar organizados. En la demora se incuban los peligros. Alemania advirtió que el desempleo por el coronavirus puede tener un “impacto político explosivo”.

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Fernando Buen Abad
Fernando Buen Abad Domínguez es mexicano de nacimiento, (Ciudad de México, 1956) especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSur. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. Desarrolló actividades de investigación y docencia universitaria en México, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Estados Unidos entre otros países. Colaborador de Rebelión y otras revistas digitales. Autor de varios libros sobre Filosofía de la Comunicación, Filosofía de la Imagen, Imagen Filosofía y Producción Creativa, Crítica de la Cultura... así como de numerosos artículos publicados en México y en otros países. Ha sido Presidente del Jurado del Festival Tres Continentes del Documental, miembro del Jurado Internacional del Festival Al Jazeera de Producción Televisiva, Qatar 2006, Jurado del Premio Libertador al Pensamiento Crítico entre otros. Ha dirigido diversos proyectos de investigación y tesis doctorales en su país y en el exterior. Ponente en múltiples congresos internacionales. Asesor del Centro de Investigación Aplicada en Recursos Audiovisuales CIARA. Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas. Ha obtenido distinciones diversas por su labor intelectual. Ha publicado más de 17 libros (obra filosófica, literaria, individual y colectiva) en México. Venezuela, España y Argentina. Ha sido Jefe del Departamento de Programas Culturales en XEIPN (canal de televisión del Instituto Politécnico Nacional) en México, DF. Ha escrito y dirigido 19 trabajos audiovisuales y cinematográficos en México, Houston, Nueva York y Argentina. y es miembro de diversas organizaciones artísticas y de investigación. Ha publicado los libros Filosofía de la comunicación (2001), Filosofía de la imagen (2003) y Imagen, filosofía y creación (2004). Semiótica para la Emancipación (2009). Filosofía de la Responsabilidad Socialista en Comunicación (2012). Filosofía del Humor y de la Risa (2013). Filosofía de la Imagen (edición venezolana) Filosofía de la Comunicación (tercera edición -Venezuela- 2014). Profesor de la Universidad Nacional de Avellaneda. Profesor de la Universidad Nacional de Lanús. ​Actualmente es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride de la Universidad Nacional de Lanús, Argentina. ​

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