Mar de Leva – El concepto de Poder

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(Por Farruco Sesto)

No se puede ser de izquierda solamente en los planos de la convicción moral y del pensamiento. Pues forma parte también de su naturaleza una indispensable voluntad de actuación para la concreción de las ideas. Así, la condición de izquierda está ligada de modo indisoluble a una aspiración de poder. Y no hay que tener vergüenza por ello. El manejo del poder es absolutamente necesario para la transformación de la realidad social, que es en definitiva de lo que se trata.

¡Ah!, ¿pero qué tipo de poder?

Hay varios elementos que, en nuestro campo de la izquierda, son determinantes. Uno es el principio de que el poder le pertenece al pueblo, que es su dueño originario. Este principio es irrenunciable. 
Si ello es así, hay que saber que la tarea fundamental en el ejercicio de poder político, cualquiera que sea el escenario, es devolvérselo, entregárselo, al pueblo. Es lo que algunos han sintetizado en la frase de “mandar obedeciendo”.

Otro elemento que está ligado de manera entrañable a la posición de izquierda es la visión del conocimiento como basamento del poder democrático. De hecho Chávez, afirmaba que “el principal poder es el conocimiento”. Sin él no hay democracia posible. Y lo hacía años después de que José Martí hubiera dicho que hay que “ser cultos para ser libres”.
Por otra parte, y en eso Chávez insistía mucho, es que el poder al que se aspira, o el que se ejerce dado el caso devolviéndolo al pueblo, debe ser “un poder que pueda”. No abstracto. No retórico. Sino dotado de una real y auténtica capacidad transformadora. 

Resaltando también que, en definitiva, la función esencial de ese poder que sueña la izquierda es el de la emancipación del ser humano, según las condiciones de cada momento y de cada lugar. De manera tal que si ese poder no es emancipador, no interesa. 

¿Y cómo se estructura ese poder en la acción real?

Este es un tema muy interesante que tiene que ver con la concepción del poder como un sistema diseñado con base a una relación dialéctica entre dos polos. Uno de ellos es la concreción localizada, territorial o sectorialmente, del poder popular, siempre actuante, siempre presente. Y el otro polo, indispensable, es el mecanismo que garantice la unidad de ese poder, llámase Estado o gobierno nacional en unos casos, gobierno de la ciudad en otros, en fin, lo que corresponda, siempre dentro del principio no negociable del ejercicio del poder popular. De esa relación dual, integral, auténtica, permanentemente activa, entre el poder en lo concreto y la unidad de poder en lo general, se nutre la democracia en la visión de izquierda.

Otras posibilidades, simplemente no existen. O en todo caso corresponden a otra galaxia ideológica. 

(Apuntes para mi libro “Ser de Izquierda a partir de Chávez”)

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