Ética de la Vanguardia

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(Por Farruco Sesto / RÚA DO PROGRESO 31)

Las espaldas bien amplias. Me refiero a las espaldas morales. A su capacidad de aguante. Es lo que debe tener, para cargar con el peso del compromiso, cada quien que forme parte de la vanguardia. Pues para sí debe asumir, como propias, la conquista de cada uno de los sueños y la puesta en marcha de cada uno de los actos. Y en los momentos duros, sobre todo, la responsabilidad de los errores políticos, de los traspiés, e incluso de las derrotas y fracasos. Pero no así el mérito por los logros y avances de los instantes luminosos, que corresponden siempre al colectivo.

Quien forme parte de la vanguardia, debe estudiar más que nadie, debe conocer más que nadie, no sólo las estructuras de la realidad, sino también los pequeños detalles, los pormenores, en el espacio y en el tiempo. Pues de lo que se trata es de transformar esa realidad. Tal es su tarea esencial, que no puede ser jamás puesta de lado.

Quien pertenece a la vanguardia, ha de ser el ejemplo a seguir. Por su sensibilidad hacia lo humano, su apertura al amor y la ternura. También por su fuerza, coherencia vital, capacidad de trabajo, paciencia y sentido del momento.

Su palabra ha de de ser una bandera incorruptible. Sus ideas nacerán para ser compartidas. Y porque las razones que maneje pasarán a ser razones de los otros, deberán estar labradas en la perfección, bebiendo siempre de las fuentes del pueblo. Oyendo siempre. En una construcción que ha de ser colectiva.

Quien pertenece a la vanguardia, ha de creer en la victoria. Y por adversas que parezcan las circunstancias, no se doblegará jamás. Sabrá que lleva en la frente una estrella y en los labios un cantar, que son de todos.

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