Crisis en Venezuela

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(Por Gabriel Gil Pinto)

No es la primera ni la última intervención de EE.UU. en Venezuela. Pero sí pocas veces se ha tenido la oportunidad de derrotar a Donald Trump y la creciente ultraderecha.

En Venezuela nunca dejan de pasar historias asombrosas como la que estamos viviendo hoy en día. Y en América Latina los Estados Unidos siempre han utilizado la misma fórmula para intervenir en los países utilizando pequeños cambios en la línea del tiempo.

La des-memoria es lo que permite hacernos creer que ahora es distinto a otros eventos que condenamos en la historia. Este golpe es completamente similar al golpe cometido contra Allende en 1973 en Chile como también es mucho más parecido al cometido en 2002 contra Hugo Chávez en Venezuela.

EEUU logra colocar una pistola en la sien de los venezolanos. Coloca “todas las cartas sobre la mesa”, como le llaman a amenazar con todas sus acciones extraterritoriales violatorias del derecho internacional, determinación de los pueblos y derechos humanos, como amenaza para que el presidente electo de Venezuela se entregue. Se entregue tal cual se entregó Hugo Chávez en 2002, para evitar una masacre. Los jefes militares de entonces eran las cabezas visibles del golpe de estado y en una llamada amenazaron al presidente Chávez de bombardear el Palacio de Miraflores rodeado de miles de seguidores y defensores del gobierno bolivariano. La historia ha comprobado que Chávez no renunció y que fue secuestrado. Allende en cambio no se entregó y terminó en un baño de sangre, sangre de él, y mucha más sangre del pueblo chileno.

Todas las fases del asalto contra Venezuela

Infografía del “Decreto de Obama”. Orden ejecutiva que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de los EEUU. Comando Creativo

La metáfora de la pistola en la sien no es suficiente, los EEUU actúan como un grupo de acciones especiales que pretende entrar en una casa controlada por otro grupo (armado o no). Comienzan rodeando y utilizando sus megáfonos, el bloqueo económico comienza desde que el riesgo país como indicador subjetivo de los mercados comienza a subir aun cuando no hay indicios de insolvencia por parte de la república. El gasto público en, por ejemplo, un plan social como Barrio Adentro, que llevaba médicos cubanos a los sectores más pobres y ahora gradúa médicos venezolanos, es un ejemplo de las políticas que asustan a los mercados financieros e impulsan una subida del riesgo país.

Los medios se encargan de amplificar las fallas e invisibilizar los aciertos, sectores demócratas o de izquierda dudaron del Chávez de 2002 y de Allende en 1973 porque fueron informados con medias verdades y mentiras. Luego el imperialismo comienza a obtener colaboradores internos de casa. Nadie aguanta un cañonazo de un millón de dólares ha dicho EEUU desde principios de siglo XX. El 5 de enero de 2002 Luis Miquilena, un hombre de confianza de Chávez, intentó arrebatarle la Asamblea Nacional con los votos del partido del chavismo y tenía control de la mayoría de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Lo mismo han hecho con la Fiscal en 2017, quien pasó de juzgar a grupos armados de la derecha a protegerlos.

Con la criminalización del gobierno, tal cual sucedió con Allende cuando aseguraban que armaba a los obreros, o con Chávez asegurando que los Círculos Bolivarianos atentaban contra la población opositora. Esto ya es costumbre de los EEUU, acusar a Irak y ahora a Siria de utilizar armas de destrucción masiva ha sido la más grande justificación para una intervención militar. Justificación que no ha sido nunca puesta en duda por los grandes medios y por los bipartidismos que gobiernan EEUU y Europa. Marco Rubio inicia lo que sería un nuevo falso positivo acusando a la policía política de Venezuela de preparar una masacre.

¿Plan A, plan B o plan C?

Finalmente el plan A consiste en la utilización de la población civil, chavista u opositora, como rehén contra el gobierno. Éste debe entregarse a cambio de la paz, el pueblo es aterrorizado por ambos bandos sobre las prácticas terroristas de golpistas, movimientos armados de ultraderecha y el mismo ejército de los EEUU. Sólo una vanguardia exige al gobierno no rendirse y resistir hasta la muerte, tal cual lo hizo Allende por lo que perdió su vida. El presidente Chávez se entregó y los medios se encargaron de leer una carta de renuncia que nunca mostraron. Si no funciona el plan A se pasa al plan B.

El plan B consistiría en la intervención directa por parte de los EEUU. Para que esto suceda tiene que encontrarse con la firme decisión de gobierno y militares venezolanos contra las amenazas y la firme postura del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. En apariencia es esta actualmente la situación, que se debate entre la entrega incondicional del poder por parte de Maduro y el cese de hostilidades y sanciones contra el gobierno de Venezuela. Ejemplos recientes son Libia y Siria, en la primera el resultado fue la destrucción absoluta del estado dejando el control del territorio a bandas armadas de terroristas, contrabandistas y ¡esclavistas!. El segundo ejemplo terminó con la retirada de EEUU y la victoria militar de Bashar Al Assad con un costo inmenso en vidas humanas, con un impacto social muy fuerte entre lo que conocemos como la crisis migratoria de Europa.

Libia contó con la indiferencia o impotencia de China y Rusia, quienes no opusieron más resistencia que el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, Siria contó con el respaldo decisivo de Rusia junto al apoyo de Irán y la guerrilla libanesa Hezbollah. En ambos caso el papel de Europa ha sido vergonzoso, otorgándole un apoyo a las operaciones en lo militar, económico, político y comunicacional y recibiendo a cambio mayores exigencias por parte de EEUU con respecto a la OTAN y los acuerdos de libre comercio que aun se negocian. Las crisis migratorias la sufren los europeos, caldo de cultivo para el fascismo.

Venezuela ha recibido el apoyo de Rusia y China, así como también de muchas otras naciones, pero quizás la gran diferencia reside en el respaldo que mantiene Venezuela de parte de los partidos de izquierda de occidente, quienes no apoyan a las causas de Bashar Al Assad ni Muamar el Gadafi pero sí se identifican con la Revolución Cubana y Venezolana, condenando no solamente la injerencia imperialista sino también los programas neoliberales de las derechas locales de América Latina y Europa.

De igual forma en un escenario de confrontación las pérdidas serían enormes, fundamentalmente humana. Venezuela forma parte de una zona en conflicto desde los 80s. El arco andino ha estado viviendo un período de crisis económica, social y política donde la gobernabilidad no ha sido posible sostenerla en el tiempo salvo contadas excepciones. A pesar del diálogo y el acuerdo alcanzado con las FARC, el nuevo presidente Duque mantiene una línea guerrerista que ha cerrado el paso al diálogo con el ELN y ha cuestionado los acuerdos alcanzados con las FARC. Esta situación haría mas explosiva aun una intervención, la zona se convertiría en campo minado con muy poco espacio para la paz. La posibilidad de explotar petróleo desde Venezuela o de desarrollo económico de la región serían muy bajas y en cambio la ausencia de estado abriría paso al crimen organizado, especialmente el narcotráfico y la violencia que esto conlleva.

Un plan C es lo que se vivió en Venezuela el 13 de abril de 2002, y durante el llamado Sabotaje Petrolero o Paro Petrolero de 2002–2003. En ambos casos la movilización popular se produce a reacción de una ofensiva golpista, el movimiento en defensa de las políticas sociales del gobierno reacciona con debilidad en los primeros momentos, sin embargo la radicalidad del planteamiento opositor y lo agresivo con lo que ejecutan su política activa la fibra de estos sectores.

En abril de 2002 bastaron 48 horas para que la mayoría de cuarteles militares fueran rodeados de muchedumbres exigiendo el regreso del presidente Chávez, durante el sabotaje petrolero costó mucho la movilización que finalmente se dedicó a rodear las instalaciones petroleras y los medios de comunicación. A partir de allí el desgaste de la oposición fue creciendo cada día más, nunca nadie anunció el fin del paro petrolero.

En la actualidad por supuesto que la realidad económica y el desgaste del gobierno producto de la falta de respuesta ante la misma permea los sectores populares y dificulta aun más la reedición de estas insurrecciones populares. Sin embargo el ataque de Trump justifica la unidad de amplios sectores, incluyendo sectores críticos o contrarios a las políticas de Nicolás Maduro para evitar que Venezuela y su petróleo caigan en el tutelaje de los EEUU.

En el campo internacional al plan C puede ir por el mismo camino, los sectores de un amplio espectro del progresismo y la izquierda pueden convertir esta oportunidad en una forma de dar retroceso a los abusos impulsados por la política retrógrada de Donald Trump, aventuras acompañas ahora por los presidentes Jair Bolsonaro de Brasil e Iván Duque de Colombia. Sin tener que darle un cheque en blanco a Nicolás Maduro, rechazar la estrategia política internacional es un punto que demostraría lo absurdo de esa y la mayoría de las políticas imperiales. Si no hay una ofensiva contra la ultraderecha cada día más altanera, estas seguirán abriendo espacios solo por tener una iniciativa, mientras el resto del mundo se debate entre el sectarismo y las manipulaciones mediáticas.

El juego al desgaste

EEUU no ha logrado aplicar la carta democrática en el seno de la OEA porque requiere 24 votos, 15 países de ese foro fundaron el Grupo de Lima y en la última declaración firmaron solo 11. Las votaciones en la OEA contra Venezuela han variado desde 19 votos a 15. Lo que confirma la tendencia del desgaste de la ofensiva contra Venezuela.

El gobierno de Maduro se desgasta con el tiempo debido a la crisis económica que afecta a todos los venezolanos, pero en una ofensiva política como esta, que busca sumar cero y erradicar al contrario, EEUU y ultraderecha continental asumen su propia carrera contra el tiempo.

La resistencia, no solo de Venezuela, sino también de todas las fuerzas democráticas a las presiones de los medios de comunicación, de los Estados Unidos y de las derechas locales harán más fuerte a las democracias del continente y podrán convertirlo en el derrotero del fascismo mundial.

Las propuestas de México y Uruguay, al que puede sumarse el gobierno de España permiten abrir espacios para el diálogo, pero también permiten reducir el protagonismo de los EEUU en la política regional y fortalecer las luchas de quienes desde dentro de ese país persigue derrumbar esa amenaza que busca profundizar los males de la desigualdad y la injusticia de América y el mundo.

El muro de Trump será levantado junto a la imposición de bases militares norteamericanas por todo el continente si Trump logra su cometido en Venezuela. Que los gobiernos de América Latina y que las izquierdas del continente acepten o sólo realicen declaraciones tibias le abrirían las puertas a una nueva era del continente mucho peor que los tiempos del Plan Cóndor. En cambio Venezuela puede resistir, progresar y romper con su bloqueo, como también el de Cuba. Y esto será obra de América Latina y la colocará en una posición como nunca en su historia frente a los que la ven como su patio trasero.

Derrumbemos el muro de Trump, defendamos la democracia de Venezuela, abajo el intervencionismo yanqui.

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