Todos los ñángaras de mi época, hombres y mujeres, leímos  y disfrutamos ASÍ SE TEMPLÓ EL ACERO, aquella buena  novela de Nikolái Ostrovski.

Quiero aprovechar hoy el recuerdo de esa metáfora para aplicarla a nuestro partido, el PSUV, afirmando que lo necesitamos de acero, pero de acero inoxidable.  Esa es la tarea. E insisto en ello, a propósito del IV Congreso que se está llevando a cabo.

Los miles de lecturas, y las más de cien vidas que a estas alturas me parece haber vivido, me han dado el convencimiento teórico y práctico, de que para que una revolución verdadera se arraigue y vuelva irreversible, necesita un partido poderoso, incombustible, incorruptible, que haga suyo el proceso de emancipación humana en un determinado país, en este caso el nuestro, y no lo suelte ya en ninguna circunstancia.

Un partido que sea, en los hechos, el dueño espiritual del proyecto de transformación profunda.

Un partido que se constituya como la máxima expresión política del pueblo organizado, para dirigir la sociedad en el tiempo revolucionario.

Yo me emociono con el PSUV. Creo que lo ha hecho muy bien en estos pocos (pero intensos) años desde su nacimiento bajo la dirección de nuestros principales líderes, Chávez, Nicolás, Diosdado y otros y otras entrañables camaradas.  Pero creo también que su proceso de conformación para hacerse a sí mismo de acero, y valga la metáfora, aun no ha terminado.

No desestimo a los otros partidos de izquierda, pero éste es el nuestro, el Partido Socialista Unido de Venezuela, que es quien debe diseñar las políticas, trazar las estrategias para la coyuntura y llevarle el pulso a los cambios según las circunstancias, velando siempre por la coherencia del proceso.

Con un partido así, repito, con alma de acero inoxidable, sumergido orgánicamente en el pueblo, y que tenga claros los objetivos supremos de la Revolución,  cualquier maniobra táctica es posible.  Por lo demás, será la única garantía, pues cualquier otra cosa es muy arriesgado. Como arriesgado es, por ejemplo, la consideración del papel de la burguesía en la transición socialista cuando se define desde otros ámbitos que no son el partido.