Por Marco Teruggi / Diario Chávez Vive / Venezuela es Noticia

 

La revolución se hace lejos de cámaras.

Como hoy, que son las siete de la noche, y en un callejón en lo más arriba del cerro están reunidas unas sesenta personas. Es la segunda asamblea de la recién conformada Comuna Socialista Altos de Lídice, situada en La Pastora.

En la reunión, abierta a quien quiera acercarse, se encuentran jóvenes, mayores, vecinos, militantes, chavismo, comunidad, gente organizada y gente que no. A esa hora, desde ese sitio, la ciudad se ve como un sinfín de bombillos que se extienden sobre los cerros.

La conformación de la comuna fue votada por la comunidad a principios de junio.

Se instaló una urna en cada uno de los cinco consejos comunales que se unieron para conformarla, y en cada urna acudió la gente a contestar si quería o no que se conformara una comuna en su territorio. Sí o no.

 

Ganó el sí con abrumadora mayoría. Ganó porque el proceso de construcción de la comuna venía en desarrollo desde hacía tiempo.

Ya se había comenzado una siembra urbana; un trabajo para abordar la problemática del transporte -las cooperativas no quieren subir hasta lo alto del cerro-; un proceso de deporte, con la juventud; de organización en salud, con los adultos mayores; entre otras cosas.

Ya estaba en desarrollo un trabajo comunal, la legitimidad para convocar a elecciones y presentar lo que se denomina la Carta Fundacional de la Comuna, una suerte de constitución, de hoja de ruta comunal.

Por eso votó un tercio de la comunidad -necesario para la aprobación de una comuna- en una época de dificultad, no solamente material sino, también política, donde existe un repliegue en muchos sectores de la sociedad.

 

La asamblea de hoy es para comenzar a dar forma a la comuna, y eso es, en este primer momento, conformar las mesas de trabajo, según lo planteado en la Carta Fundacional.

Quedan formadas las mesas de servicios, salud, economía comunal, infraestructura, hábitat y vivienda, alimentación, deporte, cultura y recreación, comunicación, y milicia bolivariana. Las personas se anotan en cada mesa, que comenzarán a funcionar a los pocos días.

 

“Esta vaina es de todos nosotros, tenemos que pelearla, necesitamos de la participación de todos, de su esfuerzo mi hermano”, dice un vecino para motivar a que se inscriban para dar vida a las mesas.

 

“No vamos a esperar a que el gobierno venga a solucionar lo que debemos hacer nosotros mismos”, afirma una vecina.

El gobierno, las instituciones, muchas veces tardan en llegar hasta lo más alto de los cerros de Caracas. Recuerdan un incendio reciente, y cómo fue la comunidad quien sacó a la gente de sus casas humildes para resguardarlas.

Existe una necesidad de estar organizados, ante las próximas lluvias que vendrán y, como siempre, amenazarán a las casas menos sólidas en terrenos frágiles. Se organizan ante la falta de gas, de agua, ante los problemas comunes.

 

Es un ejercicio de democracia y organización que comenzó desde el inicio de la revolución, y que tiene génesis anteriores también.

Chávez convocó una y otra vez a las comunidades a organizarse para resolver sus problemas, tanto las reivindicaciones materiales, como para poner en pie nuevas relaciones sociales, formas de solidaridad, trabajo común, voluntario, igualitario, lo que denominaba el “espíritu de la comuna”.

Un vecino lo recuerda en la asamblea: “Bien decía Chávez, mientras estemos unidos nada nos va a pasar”.

Casi veinte años después de haberse iniciado la revolución, ese llamado de Chávez sigue encontrando respuestas. Por lo general, en los sectores más populares.

Estas experiencias, estos avances, se dan gracias a varios factores: el proceso acumulado de organización, la formación permanente que encabezó Chávez, el enraizamiento del chavismo y su cultura política, la decisión de movimientos sociales de acompañar a las comunidades en ese proceso, como, en este caso, la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, y las necesidades concretas que existen.

 

El paso dado en Altos de Lídice sucede en un cuadro de incertidumbre en Venezuela.

Si en términos políticos resulta claro que el chavismo consolidó su victoria presidencial y mantiene la iniciativa política, la gran pregunta está en la economía, en las medidas por tomarse, las correcciones necesarias. Ante eso algunos sectores no se paralizan, avanzan, buscan por dónde, crean, en este caso, una comuna.

 

La apuesta es grande, el horizonte de la comuna es del construir un gobierno de la gente organizada en su territorio -un autogobierno en cogobierno con las instituciones- poner en pie tramas económicas con empresas de propiedad social en manos de la comuna, ejercer un poder colectivo que debe desplegarse de cara a ser el nuevo Estado por-venir.

Por ahora, son los primeros pasos, construir las instancias de organización interna de la comuna, las respuestas a las demandas concretas, y tener siempre en el pensamiento el objetivo de mediano y largo plazo. Ahí está la revolución haciendo revolución, sin esperar al Gobierno.