Por Frei Betto.

 

Yo estuve com el expresidente Lula el día 4, entre las 4:00 y las 5:15 pm, en la celda que ocupa en la Superintendencia de la Policía Federal, en Curitiba. En el recinto de 5 metros cuadrados hay una cama junto a la ventana, una mesa en el centro, una estera para ejercicios físicos en una esquina y un armario adosado a la pared divisoria entre la celda y el baño. En la pared, una única foto: él con sus hijos, sus nietos y su bisnieta.

Lo encontré vestido con una sudadera azul, muy animado, más delgado y bien peinado. Sobre todo, bien informado. Dispone de televisión abierta, por la cual sigue el noticiero y se entretiene con filmes. Prefiere la TV Aparecida, debido a la programación de música del sertón y a que a través de la cual asiste diariamente a la misa de las 6 pm.

Recibe todas las mañanas un resumen de noticias de periódicos, blogs y agencias internacionales, que lo ocupa durante el desayuno. Tiene derecho a dos horas diarias de baño de sol.

Rio mucho cuando le comenté que apareció la noticia falsa de que había sufrido un síndrome de abstinencia alcohólica en los primeros días de prisión. Ya en la época de las caravanas se había abstenido del alcohol para no perjudicarse la voz.

La relación entre él y los agentes penitenciarios es respetuosa, sin que exista, sin embargo, una aproximación amigable. Dos de ellos permanecen de guardia del lado de afuera de la celda, y tuvimos que tocar a la puerta para que vinieran a abrirla cuando me dispuse a salir.

Lula me reafirmó que no piensa retirar su candidatura a la presidencia ni apoyar a ninguno de los aspirantes, aunque confiesa su admiración por Guilherme Boulos, del PSOL. “¿Cómo me voy a retirar de la contienda electoral si las encuestas demuestran que, yo solo, tengo más votos que la suma de todos los demás aspirantes?”

Admite que no entiende por qué está preso en Curitiba si la pieza de la acusación –el tríplex de Guarujá— queda en Sao Paulo…

Considera que la elite brasileña, que tanto lo aduló durante los 13 años de gobierno del PT, hoy se posiciona en su contra porque está interesada en vender el Estado brasileño e indignada con el ascenso social de la mayoría pobre gracias a las políticas de inclusión adoptadas en el período en que él y Dilma gobernaron.

Opina que se está preparando un nuevo golpe con la adopción del parlamentarismo vía el Tribunal Supremo Federal, sin consulta plebiscitaria, como prevé la Constitución.

Dice que no le preocupa la cuestión jurídica y que aguarda sereno el resultado de los procesos en los que figura como reo. Tiene plena conciencia de que el carácter político de las acusaciones que lo llevaron a prisión pesa mucho más.

Hoy los medios de comunicación lo mostrarán de traje y corbata durante su declaración por videoconferencia en el proceso que involucra a Sérgio Cabral y las Olimpiadas de Río.

Antes de despedirme, rezamos juntos la Oración del Espíritu Santo.